De pronto me he dado cuenta de que iba a titular este pequeño apunte moral de un modo que suena a disculpa personal, “yo soy un teórico, pero…”. Al pensar en por qué instintivamente quería comenzar mis palabras así, me doy cuenta que en el mundo cristiano se ha extendido la idea de que importa la caridad concreta, y que todo lo demás es demasiado teórico. Se ha extendido demasiado.
Tengo mis quejas contra los medios de comunicación: me han traicionado algunas veces, creo que también ellos son servidores del Capital y que, por tanto, el buen titular o la defensa de la propia ideología pasarán por delante de la verdad; lo que engresca les gustará más que lo que construye; y muchas veces compiten indignamente porque parece que más importante que comunicar una verdad es ser el primero en hacerlo, o darla en exclusiva.
Admiro a la gente que sabe lo que tendría que hacer el Papa recién llegado en los próximos años. No es una ironía lo que digo. Hablo en serio. Y cuando me pregunto por qué muchos saben más que yo del proceder eclesial en las alturas, me lo explico a medias. Si su vida discurre por lugares tan modestos como los míos, debe de ser que atienden más que yo a la información religiosa o que han observado con más pasión el bogar de nuestra “barca”.
Yo también sentí lo que tantos dicen. Por casualidad, seguía por televisión el momento, y no tenía ni idea de este cardenal, Bergoglio, salvo el nombre, que era argentino y moderado. En realidad, no tenía ni tengo mayor idea de grupos de cardenales y de candidatos. Me he encomendado a la prensa especializada en este tema y lo he vivido con distancia.
No es éste un blog de política, sino a lo más de ética de la vida social, y siempre con voluntad de razonar lo que parece mejor en todo conflicto de intereses e ideas. Al hacerlo en cristiano, apela a esa tradición espiritual y moral, pero a sabiendas de que ella no es un manual de instrucciones a mi disposición.
¿Es verdad que el empeño solidario de la iglesia española frente a la crisis está siendo ejemplar, - en particular, a través de pastorales, y sobre todo, de Cáritas y de mil iniciativas más -, como se dice desde los sectores más próximos a la Conferencia Episcopal Española, o, al contrario, tienen razón quienes lo juzgan “tibio y evasivo” en su dimensión de justicia social?
No me emociona esa paz que aparca tantas "cosas" cuando a ETA le conviene; parece una ética política de goma; de goma de estirar y de borrar; de goma de mascar, para tragar silencios sin ahogarse; no estoy de acuerdo en ir a la manifestación de Bilbao; no puedo ir. No he ido.
Sólo me atrevo a hablar de solidaridad. De todas las claves que concurren alrededor del giro político en Cataluña sólo me atrevo a opinar en serio de la solidaridad. Los términos como deriva política, secesión, sustitución del pacto constitucional, a mucha gente no nos llegan hondo. Ni mucho ni poco. No expresan lo que nos importa y nos afecta en estos momentos. No nos interesan.
No me gustan los profetas de calamidades ni quiero serlo. En los últimos tiempos la calamidad moral y espiritual del mundo parece la causa, - entre todas las causas -, de un mundo en crisis. ¿Sí, un mundo en crisis? ¿Un mundo? ¿Europa es un mundo? ¿Las sociedades de la OCDE son un mundo? ¿Los países emergentes, los BRIC, son un mundo y el mismo mundo?
Maribel, he estado pensado en tu comentario sobre el testimonio de la fe entre la gente de nuestro entorno, y la clásica reserva de que “no se necesita la fe y, además, todos hacemos lo mismo”. Tampoco yo estoy en condiciones de despachar el tema en un “pis-pas”, ni quería bloquear la reunión de trabajo pastoral entrando a fondo en esa pregunta.