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Benjamín Forcano

Enrique Martinez Lozano

José Antonio Pagola

José Ignacio Calleja

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En portada / Azalean

Católicos y vida pública en el País Vasco

Este viernes y sábado, 8 y 9 de Abril, respectivamente, Bilbao acoge las Sextas Jornadas “Católicos y Vida Pública” en el País Vasco, convocadas por la ACdP (Asociación Católica de Propagandistas), en sus “secciones” de Bilbao y San Sebastián. Todo ello en el Palacio Euskalduna y con la presencia de los Obispos diocesanos respectivos, D. Mario Iceta y D. José Ignacio Munilla, y de autoridades como Dª Arantza Quiroga (Presidenta del Parlamento Vasco) y D. Iñaki Azcuna (Alcalde de Bibao).Los acompaña el Cardenal Prefecto de la Congregación para la Vida y la Familia, y varios responsables de la Jornada Mundial de la Juventud, a celebrar en Madrid, con la presencia del Papa Benedicto XVI, el próximo verano. También se hará presente la nueva dirección nacional de la ACdP y otros invitados varios, tan respetables como uniformes en sus posiciones sociales y eclesiales hasta el día de hoy.

Con lo que acabo de decir no he hecho todavía ninguna valoración sustantiva, sólo que la inmensa mayoría de las voces invitadas, por no decir todas, obedecen al mismo perfil “socio-religioso”. Sólo cabe pensar o que el catolicismo es así, y ésta es su diversidad, o que la ACdP ha organizado sus Jornadas y parece lógico que debiera titularlas como Católicos de la ACdP y Vida Pública. Esto no es ni bueno ni malo, moralmente hablando, pero debo decirlo porque no todo el mundo entiende del catolicismo y puede tomar la parte por el todo. Me consta la presencia muy activa de los Obispos de esas Diócesis hermanas, pero eso no quita que la ACdP y sus Jornadas sean una parte del todo. También los Obispos deben tenerlo en cuenta y estoy seguro de que lo harán. Hay en el catolicismo, gente, “hermanos”, a quienes molesta sólo con que se recuerden estas cosas, por aquello de mostrarnos muy unidos. La intención es noble, “mostrarnos unidos”, pero eso no significa ni “unánimes ni uniformes”. La religión no es un partido político con luchas internas de poder, al menos nunca debiera serlo. Y porque no es un partido tampoco debe mostrarse proclive a la uniformidad. Mucho menos, aún, en su presencia pública, legítimamente diversa en sus opciones políticas concretas. La Iglesia, a través de su Ministerio de Enseñanza, ofrece sus referencias éticas fundamentales ante la vida personal y social, y los cristianos, adultos y en conciencia, traducen a opciones concretas lo que les parece la más honesta verificación histórica de esos principios. Los laicos pueden fundar asociaciones de fieles cristianos para impregnar de valores cristianos la vida civil y política, pero lo hacen bajo su responsabilidad, abiertos a un pluralismo político legítimo entre los cristianos, y sabiendo que otros hermanos en la fe pueden ser, y de hecho son a veces, adversarios en la política. Caben distintas concepciones legítimas para los cristianos, en la vida civil, sobre la propiedad de los bienes, el uso de los recursos públicos, la libertad de mercado, la libertad de enseñanza, la libertad religiosa y cómo se plasma ésta, la laicidad política, la investigación bio-médica, la paz del mundo, la relación Norte-Sur… caben tantas diferencias, que las formas de presencia pública de los católicos son varias y variadas. Es verdad, hay concreciones sobre la vida y la dignidad humana, que cobran una definición precisa en la moral cristiana, pero ni mucho menos está dicho todo ni lo sustantivo en cuanto a la justicia de la vida social y las primacías morales del Evangelio. Basta con volver a la preguntas de Mateo sobre el juicio final, para comprender por dónde comienza una vida moral personal y pública sin pies de barro. La última pastoral de los Obispos del País Vasco y Navarra sobre la crisis económica, sus causas, consecuencias y urgencias morales, apunta a todo esto de otro modo bien distinto a lo que parece primar el programa de las Jornadas. Los Obispos sabrán hacer entender que están coherentemente allí y aquí. No hay un partido político “católico”, ni más “católico” por principio o porque lo diga de sí. Todo es más sutil.

Dicho lo cual, hay que ser positivo. Todos vemos que el problema mayor del catolicismo contemporáneo es cómo ser significativos hoy, en la fe, y más aún entre los jóvenes y las sociedades de antigua cristiandad. Muchos buscan por el camino de mostrar que creemos en algunos valores alternativos y piensan que urge unirnos socialmente y darlos a conocer en la vida pública de las sociedades “laicas y nihilistas”. No es mala idea, siempre que sea con respeto exquisito de la democracia de los iguales en derechos y deberes, dando buenas razones de la fe, respetando el legítimo pluralismo político de los católicos, y repensando todo a partir de Jesús, y no de una selección de su Evangelio, aunque parezca muy “eclesial” y lo apoyen muchos Obispos. El Evangelio entero, por favor, he dicho alguna vez. Otros piensan más bien que hay que vivir la fe en comunidades cada vez más familiares y libres, y que de la conversión radical a Jesucristo nace el compromiso con lo más débil del mundo y la interpelación consiguiente para los demás. La traducción política es algo personal, legítimamente diversa, pero connaturalmente más de izquierdas que de derechas. También a estos, de los que me siento mucho más cerca, el Evangelio entero, por favor. Son caminos de evangelización limitados y dignos, no excluyentes. Hay otras vías, desde luego. Sólo el Evangelio, como buena noticia de que Dios en Jesús se desvive por los más pequeños, ignorados y olvidados del mundo, corta como una daga si un camino de evangelización está razonablemente convertido al Evangelio, o si toma el atajo de otras identidades, ¡incluida la eclesiástica!, para evitarse el Evangelio. El Evangelio entero, por favor. Como aspiración, no presumo de otra cosa. Como aspiración.

 

José Ignacio Calleja

Experto en Moral Social Cristiana

Vitoria-Gasteiz