Ciencia y religión:modelos de relación (III)
Los teóricos de las relaciones entre ciencia y religión coinciden en distinguir diferentes modelos, que podemos resumir en los siguientes: 1. Conflicto, incompatibilidad y exclusión mutua. 2. Independencia y coexistencia. 3. Diálogo. 4. Integración. A continuación intentaré ofrecer las características de cada uno de los modelos, siguiendo la tipología de A. Udías Vallina en su obra Ciencia y religión. Dos visiones del mundo (Sal Terrae, Santander, 2010).
1. Hay autores que consideran necesario y justificado el conflicto entre ciencia y religión por tratarse de dos visiones contrapuestas: la una niega validez a la otra. No hay punto alguno de contacto en el que puedan coincidir. Un ejemplo es el positivismo de August Comte, para quien sólo la imagen del mundo que ofrece la ciencia es verdadera. Cada avance científico supone un retroceso de la religión. Suelen aducirse dos pruebas: la incompatibilidad entre la cosmovisión geocéntrica de la Biblia y la imagen heliocéntrica de Galileo y antes de Copérnico, y la incompatibilidad entre el creacionismo de los relatos del Géneris y la teoría de la evolución.
En este modelo la ciencia es presentada como agente de progreso y la religión como agente de regreso, generadora de ignorancia y enemiga del progreso. Que la religión ha operado con frecuencia contra el progreso parece innegable. Una muestra es la proposición 80 del Syllabus de Pío IX (1864), que declara anatema a quienes defiendan la reconciliación de la Iglesia con el progreso. Pero no siempre la ciencia ha contribuido al progreso. En algunas ocasiones, todo lo contrario. Así lo reconocía Robert Openheimer quien afirmó que con la bomba atómica la ciencia deja de ser inocente y no puede aparecer como agente de progreso para la humanidad. Lo mismo cabe decir del deterioro del medio ambiente provocado por la aplicación de las ciencias a la tecnología.
2. El segundo modelo defiende la independencia y la coexistencia de la ciencia y de la religión y cree que el conflicto entre ambas se produce por la intromisión indebida de una en el campo de la otra y por la falta de respeto a los distintas formas de conocimiento. El conflicto se resuelve con el reconocimiento de la autonomía e independencia de cada disciplina, del carácter distintivo de ambas y de la respetuosa separación de campos.
A favor de este modelo de relación podemos citar a científicos tan relevantes como Francis Bacon, Galileo Galilei y Max Planck. El primero asevera que “el libro de de la palabra de Dios y el libro de las obras son “saberes que no se deben mezclar ni confundir”. Galileo escribía a su protectora la duquesa de Lorena: “En las discusiones de los problemas naturales no se debería comenzar por la autoridad de los textos de la Escritura, sino por la experiencias sensibles; los efectos naturales que la experiencia sensible nos pone delante de los ojos, no pueden ser condenados por citas de la Escritura”. El padre de la física cuántica Max Planck define a la ciencia y a la religión como “dos vías paralelas que sólo se unen en el infinito”.
3. El tercer modelo resulta más constructivo. Se caracteriza por el diálogo y se orienta a un intercambio de información y a un enriquecimiento mutuo. Ciencia, religión y arte son elementos de un proceso más amplio: la cultura. La religión no puede mantenerse indiferente a la imagen del mundo que ofrecen las ciencias. En realidad nunca lo ha sido. La visión de las religiones sobre el mundo ha asumido, generalmente, los modelos cosmológicos de cada época o, en ocasiones, se ha opuesto a ellos.
Los campos de diálogo entre ciencia y religión son precisamente las cuestiones fronterizas que suscita la ciencia a las que ella sola no puede aportar respuesta. Por ejemplo, el origen y el destino del universo y del ser humano; el futuro de la humanidad; el sentido y sin-sentido de la vida y de la muerte; la emergencia de una espiritualidad ecológica; los aspectos éticos suscitados por el trabajo científico.
4. Un avance sobre el diálogo es la complementariedad, modelo defendido por el físico danés Niels Bohr, para quien la religión y la ciencia son dos descripciones de la realidad, y el teólogo suizo Hans Küng, que habla de complementariedad de interacción crítico-constructiva, en la que cada una conserva su propia esfera al tiempo que abandona todo intento de absolutización, ya que ninguna ofrece una visión completa de la realidad. El modelo de complementariedad muestra que la religión debe dejarse iluminar por los conocimientos de la ciencia; la teología ha de tener en cuenta las aportaciones científicas. La ciencia, a su vez, puede verse completada con las perspectivas de totalidad y apertura a la trascendencia que ofrece la religión.