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Convocatoria del encuentro interdiocesano oracional por la paz en Vitoria−Gasteiz (13 de enero de 2001)

A través de una rueda de prensa, celebrada en el Obispado de Vitoria, el 15 de diciembre, el Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, don Fernando Sebastián, y los Obispos de San Sebastián, don Juan María Uriarte; de Vitoria, don Miguel Asurmendi, de Bilbao, don Ricardo Blázquez, y su Auxiliar don Carmelo Echenagusía convocaron un encuentro oracional interdiocesano por la paz, en Vitoria-Gasteiz, con el lema “Entre todos, Paz para todos/Guztion artean, Bakea guztion Alde”, para el día 13 de enero de 2001.

A esta rueda de prensa asistieron todos los Obispos convocantes, menos el Arzobispo de Pamplona.

Esta convocatoria se situó en continuidad con iniciativas y acciones similares que estas diócesis vienen desarrollando desde años anteriores, en ocasiones de forma particular y, a veces, como ahora, de forma coordinada entre todas. Sin embargo, esta es la primera vez que todas las diócesis han sido convocadas para reunirse en un punto concreto.

En la rueda de prensa se indicó que el lema del encuentro interdiocesano,

“Entre todos, Paz para todos/Guztion artean, Bakea guztion alde”, es conocido por anteriores acciones o intervenciones de nuestras Iglesias locales en torno al tema de la paz y quiere subrayar así la continuidad de la Iglesia en este campo. El lema también hace referencia a la necesidad de tomar parte activa en la búsqueda de la paz por encima de opciones, posturas e intereses particulares de personas y de grupos, al servicio del bien común.

 El encuentro es oracional. Su clave se puede resumir así: ante la tarea de construir la paz, los cristianos y cristianas percibimos nuestras limitaciones y flaquezas, necesitamos recurrir al que sostiene y anima nuestra esperanza. Tratamos de dirigir nuestra mirada y nuestra plegaria hacia Dios, solicitando su luz, pidiendo su ayuda y su fuerza, para encontrar y recorrer los caminos que nos llevan a la paz.

“Estamos convencidos −señalaron los Obispos en esta presentación− que la paz y el cese del terrorismo no vendrán sin una ayuda especial de Dios. En la próxima Navidad y en la Jornada Mundial, del día 1 de enero, sentimos la necesidad de pedir la ayuda de Dios. En Navidad celebramos la venida del Hijo de Dios, que fue recibido con estas palabras Gloria a Dios en el Cielo y el tierra paz a los hombres que ama el Señor (Lc 2,14). Hemos convocado a los cristianos y a cuantos trabajan honestamente por la paz a un encuentro de oración. Queremos rezar por la paz. No para reconocer nuestro fracaso y dejarlo todo en manos de Dios. No para tranquilizar nuestra conciencia y seguir en actitud pasiva, hecha de sólo palabras y lamentos”.

“Queremos rezar −dijeron más adelante los Obispos− para fortalecer nuestra esperanza, que se fortalece con la certeza de que Dios es un Dios de paz y desea la paz para su pueblo. Vamos a orar para robustecer nuestra voluntad de ser constructores de la paz. Pediremos al Señor que venga para .guiar nuestros pasos por el camino de la paz”. (Lc 1,79).

“Este encuentro, se señaló en otro momento, tendrá lugar después del tiempo de Navidad, tras la celebración de la Jornada mundial de Oración por la Paz al comienzo de año. Podrán participar todos los que busquen sinceramente la paz sea cual sea su convicción o ideología”.

Antes de entrar en el tema concreto por el que se convocó la Rueda de Prensa, los cuatro Obispos presentes hicieron pública una nota de condena por la muerte en atentado terrorista de don Francisco Cano, concejal del Partido Popular en Viladecavalls (Tarrasa).

 

CRÓNICA DEL ENCUENTRO INTERDIOCESANO DE ORACIÓN POR LA PAZ EN VITORIA-GASTEIZ (13.01.2001)

 

Cerca de 50.000 personas participaron en el encuentro de oración por la paz de Vitoria el pasado 13 de enero, convocado por el Arzobispo de Pamplona-Tudela, y los Obispos de Bilbao, San Sebastián y Vitoria.

El encuentro comenzó a las once y media de la mañana en Armentia, junto a la basílica de San Prudencio, con un saludo y un breve pregón, transmitido por megafonía, en euskera y castellano.

Abrió la marcha una pancarta con el lema oficial “Entre todos, Paz para todos/ Guztion artean, Bakea guztion alde”. Era llevada por un grupo de cristianos, miembros del Consejo Pastoral Diocesano de Vitoria. Detrás de la pancarta se situaron los Obispos convocantes y los obispos eméritos, residentes en estas Diócesis. A continuación, las personas más madrugadoras que estaban esperando el comienzo del acto. El tiempo era fresco, pero agradable para recorrer el kilómetro largo hasta la explanada de Mendizabala.

Iniciada la marcha se fueron incorporando numerosas personas que llegaron en autobuses y también en coches de las diferentes diócesis. Mientras se hizo el camino se escuchaban a lo largo del trayecto textos, música y canciones de ambientación religiosa por la paz.

La llegada a la gran explanada de Mendizabala se realizó con mucho orden.

Una nube de fotógrafos recogió la imagen de la cabeza de la marcha con la pancarta, los obispos y numerosos fieles.Casi sin transición, y apenas se situaron los miles de personas, comenzó el encuentro.

En un estrado cubierto, junto a los monitores y lectores (sacerdotes, seglares, religiosos y religiosas), se situaron los obispos presentes: don Fernando Sebastián, Arzobispo de Pamplona-Tudela, don Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao, don

Juan María Uriarte, Obispo de San Sebastián, don Miguel Asurmendi, Obispo de

Vitoria. Don Carmelo Echenagusía, Obispo Auxiliar de Bilbao. Con ellos, dos Arzobispos eméritos, el Cardenal don Ángel Suquia y don José María Cirarda, y cinco también eméritos (don José María Larraruri, de Vitoria, don José María Setién, de San Sebastián, don Ambrosio Echebarría, de Barbastro y don Odorico Sáiz, franciscano, de Perú).

El encuentro de oración se desarrolló de forma bilingüe, en oraciones, lecturas y cantos. El folleto que se facilitó a los participantes, ayudó a seguir las intervenciones en las dos lenguas.

Tras una nueva bienvenida, el monitor recordó el motivo del acto a las personas asistentes y también a los que escuchaban en directo por la radio (Radio Popular de Bilbao y Herri Irratia de San Sebastián): “Nos hemos reunido para orar... Abriremos los oídos y el corazón para escuchar y acoger la palabra de Dios...” El canto ayudó a que los asistentes se sintieran asamblea en presencia de Dios.

Tras una invocación inicial dirigida al Padre y refrendada por todos los presentes, se dio paso a la escucha de la Palabra, “una Palabra viva y actual que nos da impulso en los difíciles momentos que estamos viviendo.”

Fueron 27 textos del Antiguo y Nuevo Testamento, proclamados, por diferentes personas, en dos grandes bloques.

En el primero se presentó la paz, como don y acción de Dios y como don y acción de Jesús. “La paz −se dijo− no es una realidad aislada; está en conexión con otras actitudes que la hacen posible.” Al concluir la asamblea acogió la palabra respondiendo con el canto “Palomas de la paz”.

Al iniciar el segundo bloque de textos se recordó que “el don de la paz por parte de Dios se convierte para nosotros en tarea, en exigencia de compromiso activo para hacerla real y visible.” Los textos fueron una invitación a los cristianos y cristianas a implicarse en la tarea de la paz.

Después de la escucha y la acogida de la Palabra de Dios se proclamó la decisión y compromiso de las personas participantes como pacificadoras con el rezo de la Oración por la Paz, uno de los momentos más importantes del encuentro.

A continuación se reafirmó el compromiso por la paz con el rezo del Gure Aita acompañado con el gesto de unir las manos y elevarlas al cielo. “El quehacer de la paz −indicó el monitor− necesita muchas manos que colaboren fraternalmente. Con los pies sobre la tierra, expresamos que, con el impulso de Dios Padre, llevaremos a cabo entre todos nuestro gran propósito: hacer posible la paz y hacer imposible la violencia y el terror”.

Al rezo del Padre Nuestro le siguió el gesto de la paz, entre todos los participantes, mientras se cantaba “La Paz esté con nosotros / Pakea beti zuekin”.

A continuación don Fernando Sebastián, arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, dio lectura al mensaje del Papa.

Un momento muy significativo del encuentro fue la entrega de un pequeño árbol. El monitor explicó que “el acto de oración, de escucha de la Palabra de Dios, de confesión a favor de la paz y la reconciliación se hace compromiso de trabajar por la paz. Somos enviados a trabajar por la paz. La paz es como este pequeño árbol que veis en el centro del estrado. Este árbol se va a entregar simbólicamente a los rectores de la Basílica de San Prudencio de Armentia para que lo planten y lo cuiden y hagan que el árbol crezca. Pero este árbol se nos entrega a cada uno de nosotros para que hagamos que no se muera la paz, sino que crezca. Es misión nuestra favorecer las condiciones para que la paz crezca.”

Ante este árbol pequeño se escuchó un texto del Evangelio de San Mateo para recordar la ley del crecimiento del Reino (Mt 13,31-32).

El acto terminó con la bendición por parte de los Obispos, un canto a María y el envío a la tarea de la paz.

Como despedida, el monitor resumió el significado del acto con estas palabras:

“Hemos orado en común por la paz. No ha sido un tiempo perdido. Sin duda ha sido un tiempo ganado para la paz. Seguro que esta experiencia de expresión común ante Dios y ante los demás de nuestra esperanza no se va a borrar fácilmente. La llevamos a nuestra ciudad, a nuestro pueblo, a nuestra casa como estímulo para continuar siendo obreros convencidos de la paz. A la vida, sólo desde la vida; nunca desde la muerte. A la paz sólo desde la paz: nunca desde el miedo; nunca desde la violencia; nunca desde el terror.”

Este encuentro tuvo numerosas adhesiones. De las que se recibieron de miembros de la Iglesia, hay que recordar las del cardenal Rouco en nombre de la

Conferencia Episcopal Española y en nombre propio, la del Obispo de Baiona, Pierre Moleres, y su vicario general, las de numerosas comunidades religiosas, unas desde Euskalerria y otras desde Roma, y también de grupos y personas desde diferentes diócesis españolas, como Barcelona, Valladolid, Santander, etc.

El encuentro fue oracional desde el momento que los Obispos se situaron tras la pancarta en Armentia, pasadas las once y media de la mañana, hasta la despedida del encuentro en la explanada de Mendizabala con la canción “Id, amigos por el mundo”.

Otra realidad muy significativa fue el alto nivel participativo. Las personas que estaban en Mendizabala participaron de una forma activa, incluso aquellas que estaban en peores condiciones físicas o ambientales.

La sobriedad fue otra nota del encuentro, sin que esto supusiera ausencia de signos expresivos. Así, no pasaron inadvertidos, el gran cartel con la imagen del Jesucristo del Jubileo en la tribuna, el pebetero con una gran llama o el retoño de árbol, un abedul, que se ha plantado al lado de la Basílica de Armentia como recuerdo de este encuentro.

Al acto acudieron, a título personal, diversas personalidades de la vida institucional, política, sindical, social, intelectual, etc.

Desde el primer momento hasta el último sólo hubo una pancarta, la oficial, con el lema “Entre todos, paz para todos / Guztion artean bakea guztion alde” y sólo se escucharon las oraciones y los textos del encuentro.

El encuentro oracional por la paz, además de un encuentro religioso, fue también un ejemplo de madurez cívica y política, porque todos los partidos y fuerzas sociales respetaron en su desarrollo.

La organización, que recayó en el Obispado de Vitoria, apoyado por un equipo interdiocesano, ha sido elogiada unánimemente por el planteamiento del acto y por la eficacia en resolver los complejos problemas que plantea siempre un encuentro de estas dimensiones.