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Eutsi Berrituz
Autores / Idazleak

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En portada / Azalean

El vaticano prohíbe la confesión a través del iphone


La aplicación "Confession" sugiere "pecados estandard" y actos de contricción. Es necesaria la presencia física del sacerdote junto al feligrés.

Hoy en día te puedes cruzar con un capuchino, vestido con túnica marrón, con sandalias, a 3 grados, con su rosario de piedras enormes rodeando su cintura, su barba nazarena, mientras te descargas la última aplicación en tu iphone en la que puedes orar con las lecturas del día mientras caminas tranquilamente hacia tu casa después de meter en la mochila el ordenador portátil. El capuchino y tú camináis, seguramente teniendo presente a Jesús y pensando en lo desafiante que es su estilo de vida, removiéndoos por dentro con sus palabras.

Los dos, uno con sus sandalias, sotana, barba y rosario, y otro con su iphone, aplicación y ordenador, estáis locos por dar testimonio de aquél que da sentido a vuestra vida en el siglo XXI. Los dos sois viandantes preocupados por la ecología, por la solidaridad, por la justicia, por ser felices. Los dos con preocupaciones globales: la crisis, el paro, la subida de la luz… incluso de hasta si hay sed de urnas o si los de ETA van en serio… Los dos viviendo en un mismo mundo, viviendo una misma fe, viviendo hasta en una misma Iglesia.

Pero separados por un terrible abismo.

Hoy en día, en nuestra sociedad y en nuestras comunidades cristianas convivimos personas entre estos dos polos, inmersos en la contradicción de la época posterior a la postmodernidad. No sabemos cómo denominarla y se mezclan multitud de perspectivas. El Dios Personal1 navega por Internet y seduce a los jóvenes de hoy que, a pesar de los prejuicios, buscan cobertura para dar con la aplicación “del sentido de la vida”. Las ideas, la innovación, la libertad de pensamiento, chocan con los dogmas, la tradición y la historia de nuestras comunidades.

Es posible que en las últimas décadas se hayan podido censurar reflexiones teológicas desde la realidad “analógica” de los libros y los “Nihil Obstat”, y desde un sistema religioso que niega la pluralidad religiosa y la individuación de la fe por miedo a la herejía o al relativismo. Pero entraba dentro de un sistema de control condicionado por la historia y las relaciones internacionales y políticas.

Sin embargo, hoy, Internet está llevando a los nuevos cristianos a salir de la contradicción. Internet no es un medio, es un espacio, un ámbito; y como tal, un espacio en el que se vive, se comparte, se debate, se discute y, por lo tanto, un lugar en el que subrayar la libertad inalienable y subjetiva de religión y de conciencia.

Internet y las redes sociales, en los jóvenes y no tan jóvenes, posibilita la apertura a compartir nuevos modelos de relación con las religiones. La gran mayoría de los jóvenes son hijos de la secularización pero también protagonistas de la revitalización de la religiosidad y la espiritualidad del siglo XXI. Y ésta no se entiende sin la red. Y aquí es donde está la cuestión, ¿queremos un cristianismo blog o de aplicaciones “oficiales”?

 

 

 

1  Lectura recomendada: “EL DIOS PERSONAL” de Ulrich Beck, en Paidós.