A la muerte de Aitor Emezabel Zamora
A la muerte de Aitor Emezabel Zamora
(1974 - 2011)
en recuerdo con afecto y bondad
Una palabra de esperanza
Aitor ha sido una persona humilde y silenciosa. Guardamos su recuerdo en el sentido más genuino: kardias, con corazón. Fue un alumno atento: Oyente de la Palabra, quizás porque escuchaba mucho. Recuerdo que fuiste buen alumno de Escatología. Ahora estás viviendo lo que creíste y estudiaste, lo que creemos y estudiamos también todos nosotros.
¿Recuerdas aquellos salmos místicos?
Salmo 16,10 Dios no abandonará nuestra vida en la muerte, no dejarás a tu fiel amigo conocer la muerte definitiva.
Salmo 49, v 16 Dios rescatará mi vida, Dios me llevará consigo
Salmo 73 vv 23-24 Siempre estaré contigo, tú agarrarás mi mano derecha. Me guiarás según tu designio de salvación y me llevas a un destino glorioso y en tu gloria me tomarás.
Estos salmos soy hoy tu realidad y resuenan hoy para ti -y para nosotros- con gran intensidad. Dios está siempre contigo y con nosotros, no nos nunca deja de su mano.
Habrá sido un largo proceso existencial de mucho sufrimiento. Comprendemos tu dolor, Aitor. ¿cómo no vamos a percibir tu sufrimiento y tu angustia? Las penas y sufrimientos de la vida y de la muerte son un misterio insondable que respetamos en el silencio de nuestra alma.
Sin duda que has buscado salidas. Seguramente habrás orado muchas veces lo mismo que Jesús en el huerto de los Olivos, que pase de mí este cáliz. Y habrás vivido en una cruz existencial parecida a la del Señor en la que habrás rezado el salmo 21: Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado? Has pasado por valles oscuros de tinieblas, no temas, el cayado del Buen Pastor te guía a las aguas del descanso y a las verdes praderas del Reino. (Salmo 22).
Descansa. Como Cristo, consummatum est. Y entregó su espíritu. Dios te ha recibido, descansa en Él.
En la muerte no te dejamos sólo, te acompañamos también con nuestro recuerdo y nuestra oración.
Dios no te ha abandonado. Dios no abandona jamás a nadie. Cuanto más débiles somos, más está junto a nosotros.
Tu muerte nos está hablando -gritando- de un vacío existencial difícil de llenar. Hay vacíos que solamente los llena Dios. Y en Él, en el Padre estás.
Tu muerte es un grito de esperanza y de vida para ti y para nosotros.
Todos, absolutamente todos, morimos en la misericordia de Dios Padre. En Él confiamos todos
Te dejamos en la casa del Padre.
La Virgen, Guadalupeko ama, te acoge, Aitor, piadosamente como acogió a su hijo, Jesús, descendido de la cruz.
Pie Iesu, Domine, dona ei (eis) réquiem
Salmo 22
El Señor es mi Pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tu vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
Tomás Muro Ugalde (Desde mis recuerdos)
Me parece una ayuda para los momentos, personales, comunitarios, familiares y eclesiales o en los que sea, que nos sentimos cansados y sin fuerzas o sin horizontes claros.
Con mi afecto sincero
Arantza