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En portada / Azalean

Sobre comunión

Aunque la palabra comunión tenga su uso más frecuente en el ámbito religioso hunde sus raíces más antiguas en el campo específicamente humano. Comunión es una de las grandes palabras de la Humanidad.

La convivencia humana está en su lugar adecuado allá donde existe comunión: proyecto común, colaboración activa, buena relación, cuidado mutuo, escucha, respeto mutuo, compartir lo que somos y tenemos.

Es experiencia vital, vivencia común en todos los seres humanos ( ¡ ay de quien no lo haya experimentado! ) el sentimiento de bien-estar, de vida humana enriquecida, en buen camino, compartida, en aquellos grupos donde hay comunión: familia, amigos, grupos de índole diversa...

A esta experiencia humana Jesús le da un sentido y contenido más amplio y profundo: estar en comunión con Jesús es, a la vez, estar en comunión con Dios, con nosotros mismos y con los hermanos, con toda la humanidad y con el cosmos. Y todo ello es uno, de modo que cuando falla un elemento falla la totalidad. No podemos estar en comunión con Jesús y no estarlo con el hermano o con nosotros mismos.

Si alguien ha encarnado comunión en su vida ése es Jesús de Nazaret. Su comunión con el Padre es el centro de su persona, lo que le hace ser, desde donde vive, pudiendo así ser hermano de todo hombre y mujer de cualquier condición ( Reino de Dios)

Pero comunión, al mismo tiempo, es también conflicto, diferentes puntos de vista, necesidad de buena crítica. No es uniformidad, no es sumisión sin más. Jesús lo constató muy pronto y se enfrentó y denunció a personas y estamentos que no cuidaban la vida de los necesitados, que no promovían buena relación y respeto entre las personas, que culpabilizaban y echaban pesadas cargas al prójimo...

En su cena de despedida, momento cumbre de comunión, había un gran punto negro en su mesa, un gran conflicto, una traición de gravísimas consecuencias. Pero Jesús, coherente y compasivo hasta el final, no lo expulsó, más bien se compadeció de él “ ay de aquel...” ( y Judas somos todos en algún momento de nuestra vida).

En los últimos tiempos la palabra comunión está siendo, en nuestra opinión, excesivamente utilizada, banalizada, vaciada de contenido. Tenemos, en un extremo, las tan celebradas primeras comuniones de los niños olvidando que si no van acompañadas de experiencias humanas de comunión, en su medida, poca trascendencia religiosa van a tener.

En el otro extremo se está apelando a la comunión dentro de la Iglesia como una “petición” de sumisión, de no crítica, de uniformidad. Se está utilizando como arma arrojadiza para callar al otro.

Necesitamos diálogo, pero diálogo en comunión, donde no caben las ironías ni descalificaciones, donde sí caben las diferencias y el respeto a la honestidad del otro.

Jesús invitaba, no imponía. Tenemos un Maestro insuperable. ¿ Por qué no le seguimos?